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Historia de Dalías

Dalías es un municipio situado en la comarca del Poniente Almeriense, asentado en las estribaciones de Sierra de Gádor y regado por los acuíferos de Celín. Su topónimo procede del árabe *Dalyat* o *Dalaya*, documentado por Al‑Udri y Al‑Idrisi, y relacionado con “viña” o “lugar de cultivo”. El municipio destaca por su tradición agrícola, su patrimonio islámico y su devoción al Cristo de la Luz.

El territorio de Dalías estuvo habitado desde la Edad del Bronce, con restos en El Cerrón y El Cerroncillo. En época andalusí fue una alquería próspera, con fortaleza, mezquita mayor y una intensa producción de seda. Tras la conquista cristiana en 1489, la villa sufrió la rebelión morisca de 1568 y la posterior expulsión en 1570. En 1573 fue repoblada. En los siglos XIX y XX destacó por la minería, la producción de uva de mesa y, más tarde, por el desarrollo agrícola del Campo de Dalías.

Los orígenes

Los primeros asentamientos en el territorio de Dalías se localizan en los parajes de El Cerrón y El Cerroncillo, donde se han encontrado:

Estos hallazgos confirman una ocupación continua desde la Prehistoria.

Los romanos en Dalías

Durante la época romana, la zona de Dalías estuvo vinculada a:

Aunque no existió una ciudad romana estable, sí hubo actividad agrícola y de poblamiento en el entorno.

Los árabes en Dalías

La etapa andalusí fue decisiva para la formación del actual Dalías. Desde el siglo VIII aparece como alquería, y en los siglos X y XIII como:

Su población creció durante los siglos XIII y XIV, convirtiéndose en capital de la taha de Dilaya dentro del Reino nazarí.

La Reconquista

Tras la conquista cristiana en 1489, Dalías pasó a dominio castellano. Antes de la rebelión morisca, la villa contaba con:

Hechos patrimoniales relevantes:

Edad moderna

Durante los siglo XVII y siglo XVIII:

En 1753, Dalías forma ayuntamiento junto a Adra y Berja.

Siglos XVIII y XIX

En el siglo XVIII:

En el siglo XIX:

Actualidad

Durante el siglo XX:

Hoy, Dalías es un municipio agrícola y turístico, conocido por su devoción al Cristo de la Luz, su patrimonio islámico y su paisaje entre la sierra y el mar.

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