Antonio José Navarro López nació en Lubrín el 18 de octubre de 1739, en el seno de una familia acomodada. Estudió en Murcia, donde obtuvo el título de bachiller en Artes y Sagradas Escrituras, y completó su formación eclesiástica entre Alcalá de Henares y Orihuela, licenciándose y doctorándose en noviembre de 1761.
Ese mismo año obtuvo la cátedra de Teología Moral de Vera y su vicaría. Entre 1763 y 1766 ejerció en Olula del Río, y entre 1766 y 1777 en Vélez Rubio, uno de los curatos más importantes del obispado. Allí redactó una brillante memoria histórica sobre la inauguración del nuevo templo parroquial, reeditada en 1982.
Durante su etapa veleña desarrolló una intensa actividad intelectual:
Fue consultado por científicos de toda España y fundó en Vera (1775) la primera Sociedad Económica de Amigos del País del Reino de Granada.
En 1777 se trasladó a Baza, donde ejerció como:
Allí redactó sus célebres Viajes, continuó sus investigaciones de campo y mantuvo relación con figuras destacadas de la Ilustración, como Pedro Franco Dávila. Enviaba regularmente materiales naturalísticos y arqueológicos al Real Gabinete de Historia Natural y fundó otra Sociedad Económica de Amigos del País para revitalizar la economía bastetana.
Su prestigio como orador y erudito le abrió puertas en Granada, Murcia, Cartagena, Orihuela y en la propia corte. Carlos III y sus secretarios de Estado agradecieron sus servicios a la causa pública.
El conde de Floridablanca, amigo íntimo de su círculo, lo eligió para ejecutar varios proyectos reformistas:
Fue socio del Instituto de París y correspondiente de la Real Academia de la Historia.
Murió en Baza el 12 de mayo de 1797, cuando se consideraba su nombre para un obispado. Sus colecciones y escritos se dispersaron o fueron utilizados sin reconocimiento, pero su figura —la de un ilustrado incansable, dedicado a elevar la cultura y el bienestar del Sureste— comenzó a recuperarse a finales del siglo XX.
Su trayectoria refleja:
Antonio José Navarro López encarna el espíritu reformista de la Ilustración española. Su labor científica, su impulso institucional y su compromiso con el desarrollo económico y cultural del Sureste lo convierten en una de las figuras más destacadas del siglo XVIII almeriense.