Garrucha es uno de los núcleos marítimos más característicos del Levante almeriense. Aunque su consolidación como población estable es relativamente reciente, su litoral estuvo vinculado desde la Antigüedad a rutas pesqueras y comerciales que conectaban el sureste peninsular con el Mediterráneo.
En época romana, la costa de Garrucha funcionó como punto de apoyo a Baria (Villaricos), con actividad pesquera, salazones y embarque de productos hacia el interior. No existía aún un núcleo urbano, pero sí un uso continuado del fondeadero y de la franja litoral.
Durante el periodo andalusí, la zona formó parte del sistema defensivo y marítimo del reino nazarí, con torres de vigilancia y un fondeadero utilizado por pescadores y comerciantes. La población se concentraba en Mojácar y Vera, mientras la costa garruchera servía como apoyo a la navegación y a la pesca.
La incorporación a Castilla en 1488 mantuvo la importancia del fondeadero, aunque la piratería berberisca dificultó la formación de un asentamiento estable. A partir del siglo XVIII comenzó a consolidarse un pequeño núcleo marinero, reforzado por la construcción del Castillo de las Escobetas en 1769.
El gran impulso llegó en el siglo XIX con la minería de Sierra Almagrera y Bédar. Garrucha se convirtió en el principal puerto exportador de mineral del sureste, lo que atrajo población, actividad industrial y la creación del municipio en 1858. El cable minero y el ferrocarril de finales del siglo XIX consolidaron su papel comercial.
En el siglo XX, tras el declive minero, Garrucha se orientó hacia la pesca —con la gamba roja como producto emblemático— y el turismo. El puerto pesquero y deportivo, el paseo marítimo y su identidad marinera han definido la evolución reciente del municipio.
Hoy, Garrucha destaca por su tradición pesquera, su pasado minero-comercial y su papel como enclave turístico del Levante almeriense, manteniendo una continuidad histórica ligada siempre al mar.
El entorno donde hoy se sitúa Garrucha presenta indicios de ocupación humana desde la Prehistoria reciente, con presencia de asentamientos en el litoral y en el valle del Antas vinculados a rutas de intercambio del sureste peninsular. Durante la Antigüedad, la costa garruchera se relacionó con enclaves como Baria (Villaricos), que actuaban como centros de comercio marítimo y explotación de recursos minerales y pesqueros. No obstante, no se documenta todavía un núcleo urbano estable en el emplazamiento actual de Garrucha, sino un uso funcional de la costa como fondeadero y punto de apoyo a la navegación y a la pesca.
En época romana, el litoral de Garrucha se integró en la red comercial de la provincia Tarraconensis, bajo la influencia de Baria y otros puertos del sureste. Los restos cerámicos y materiales constructivos hallados en la zona apuntan a la existencia de pequeñas instalaciones pesqueras y puntos de embarque, utilizados para la pesca, la salazón y el transporte de productos hacia el interior. El mar desempeñaba un papel esencial como vía de comunicación y como fuente de recursos, aunque el protagonismo urbano recaía en núcleos cercanos mejor consolidados.
Con la islamización de la región a partir del siglo VIII, el territorio de Garrucha quedó integrado en el litoral del reino de Granada. La costa se utilizó como fondeadero y punto de vigilancia, mientras la población se concentraba en asentamientos cercanos como Mojácar y Vera. Durante el periodo nazarí se levantó una torre de defensa próxima al mar para proteger a los pescadores de incursiones cristianas procedentes del reino de Murcia. Esta torre fue destruida por un terremoto en 1518, lo que refleja la importancia estratégica del enclave incluso antes de la formación del núcleo urbano moderno.
El territorio de Garrucha se incorporó a la Corona de Castilla en 1488, junto con Mojácar y Vera, en el marco de la campaña final contra el reino nazarí. Tras la conquista, el puerto de la zona se utilizó para aprovisionar al ejército castellano y como punto de entrada de mercancías hacia el interior. Sin embargo, las continuas incursiones de piratas berberiscos durante los siglo XVI y siglo XVII impidieron la consolidación de un asentamiento estable: la costa era un espacio de riesgo, con pérdidas de bienes, vidas y capturas de personas destinadas a la esclavitud. Aun así, se mantuvo la actividad pesquera y comercial, apoyada en instalaciones como la llamada Casa de la Sal o Alfolí, utilizada para almacenar sal procedente de Cabo de Gata, Dalías y Mazarrón y distribuirla hacia el interior.
Entre los siglo XVI y siglo XVIII, Garrucha aparece documentada como un pequeño poblado marinero dependiente de Vera. Su función principal era la pesca, el comercio costero de productos como vino, esparto y mármol, y el papel de puerto defensivo frente a la piratería. En 1769 se construyó el Castillo de las Escobetas, una fortificación costera destinada a proteger el fondeadero y a reforzar la defensa del litoral frente a ataques berberiscos. A lo largo del siglo XVIII, el núcleo fue ganando población ligada a la pesca y al pequeño comercio, aunque seguía siendo una pedanía subordinada a Vera.
El gran despegue de Garrucha llegó en el siglo XIX, ligado a la minería. El descubrimiento de plata nativa en el barranco del Jaroso (Cuevas de Almanzora) en 1838 desencadenó una intensa fiebre minera en la provincia. El puerto de Garrucha se convirtió en la salida natural de buena parte del mineral (plomo argentífero y, posteriormente, hierro) procedente de Sierra Almagrera, Bédar y Sierra Cabrera. En 1841 se creó la fundición de San Ramón para el tratamiento de plomo argentífero, que en 1858 se transformó en alto horno para la fundición de mineral de hierro, conocida como “El Martinete”. En 1860 se levantó la fundición de San Jacinto, reforzando el carácter industrial del puerto. El crecimiento económico y demográfico llevó a los vecinos a reclamar la segregación de Vera. El Gobierno decretó la creación del municipio de Garrucha el 16 de marzo de 1858, y el 1 de enero de 1861 se constituyó el primer Ayuntamiento, con Manuel Berruezo Ayora como alcalde. En 1887 se construyó un cable minero desde El Pinar de Bédar hasta el puerto de Garrucha, y en 1890 se completó el ferrocarril minero, incrementando aún más el volumen de mineral exportado. En estos años, Garrucha alcanzó un notable esplendor: se construyeron edificios como la Casa Consistorial y residencias burguesas, y se establecieron viceconsulados de varios países europeos, lo que le valió el sobrenombre de “la pequeña San Sebastián”.
Durante el siglo XX, la actividad minera fue perdiendo peso, aunque se reactivó parcialmente con la creación de la empresa Hierros de Garrucha en 1953, que explotó de nuevo los yacimientos de Bédar mediante un sistema de cables aéreos y tolvas hasta su cierre en 1970. En la Dictadura de Primo de Rivera se aprobó la construcción del puerto de pescadores, consolidando la flota artesanal y la especialización en la gamba roja, que se ha convertido en el producto emblemático de Garrucha. En la actualidad, el municipio forma parte de la comarca del Levante Almeriense y su economía se basa en el turismo, la pesca, los servicios y la actividad portuaria, que incluye también la exportación de yeso procedente de las canteras de Sorbas. El paseo marítimo, el puerto pesquero y deportivo, y el legado arquitectónico de los siglo XIX y siglo XX conforman hoy la imagen de una villa marinera que ha sabido reconvertir su pasado minero-comercial en un atractivo turístico y cultural.