Antonio de Torres Jurado nació en la barriada almeriense de La Cañada de San Urbano el 13 de junio de 1817. Hacia 1829 su familia se trasladó a Vera, donde aprendió el oficio de carpintero y contrajo matrimonio ese mismo año. Las dificultades económicas llevaron a la confiscación de sus bienes en 1839, y la muerte de varios hijos y de su esposa en 1845 lo impulsaron a abandonar Vera.
Entre Vera y Sevilla consta su paso por Granada, donde conoció al guitarrero Pernas, aunque su biógrafo José Luis Romanillos descartó que allí aprendiera el oficio, pues su estancia fue demasiado breve para un aprendizaje completo. Su carrera como constructor de guitarras comenzó realmente en Sevilla en la década de 1850, animado por el guitarrista Julián Arcas.
En 1854 aparece instalado en la calle Ballestilla, y en 1856 en el n.º 32 de la calle Cerrajería. Ese año construyó la célebre “Leona”, instrumento revolucionario por su tornavoz de latón, abanico de siete varetas irregulares y barra armónica flotante. Este periodo de experimentación culminó con la medalla de bronce obtenida en la Exposición de Sevilla de 1858, que lo consagró como el mejor guitarrero de su tiempo. Ese mismo año se instaló en Sevilla su segunda esposa, Josefa Martín Dorado.
La llamada “primera época” (1852‑1869) es la más fructífera, favorecida por la intensa actividad comercial de Sevilla, que le permitió acceder a maderas de gran calidad.
La crisis económica española y la escasa rentabilidad del oficio lo llevaron a abandonar Sevilla y regresar a Almería a comienzos de la década de 1870, donde abrió una tienda de loza en la calle Real. En 1875 inició su “segunda época” como guitarrero, combinando la construcción con la tienda y el alojamiento de huéspedes.
En 1881 compró su primera casa y estableció su taller en el n.º 80 de la calle Real de su barrio natal, donde trabajó hasta su muerte. La muerte de su segunda esposa en 1883 lo llevó a dedicarse de nuevo por completo a la construcción de guitarras, muy demandadas por una nueva generación de concertistas.
Durante esta segunda etapa numeró sus instrumentos, fabricando 155 guitarras.
Torres fijó el modelo de la guitarra clásica española, base de la guitarra de concierto moderna. Entre sus aportaciones destacan:
Sus guitarras fueron utilizadas por los grandes concertistas del siglo XIX y comienzos del XX: Julián Arcas, Francisco Tárrega, José Martínez Toboso, Antonio Cano, Miguel Llobet, Emilio Pujol, entre otros.
Su influencia fue inmediata y decisiva en las principales escuelas de guitarrería:
Falleció en Almería el 19 de noviembre de 1892.
Antonio de Torres Jurado es considerado el padre de la guitarra clásica moderna. Su genio artesanal, su intuición acústica y su capacidad innovadora transformaron para siempre la construcción del instrumento y marcaron el camino de todos los guitarreros posteriores.