Jerónimo Tortosa fue uno de los primeros ingenieros españoles integrados en el recién creado Cuerpo de Ingenieros (1711). Ingresó formalmente como ingeniero ayudante en 1712, aunque ya desde 1702 trabajaba como ingeniero extraordinario en las fortificaciones de Melilla, Ceuta y Extremadura.
En Ceuta participó activamente en la defensa de la plaza, donde “voló muchos hornillos a los moros” y logró contrarrestar las minas enemigas, en una de las cuales murieron su padre y dos hermanos. Su expediente destaca su valor y serenidad en todas estas operaciones.
Durante la campaña de Extremadura de 1709, en el marco de la Guerra de Sucesión, llevó a cabo:
Su experiencia en ingeniería de campaña y fortificación lo convirtió en un técnico muy valorado.
Fue ascendido a ingeniero en segunda el 2 de abril de 1713, con destino a la Costa de Andalucía. En 1716 trabajaba en la construcción de la ciudadela de Barcelona, una de las obras más importantes del sistema defensivo borbónico.
En 1722 seguía en el mismo empleo, pero ya se encontraba gravemente impedido por enfermedad. En un informe de 1717, el ingeniero general Jorge Próspero de Verboom advertía al rey que Tortosa estaba “lastimado en una pierna”, lo que impedía destinarlo a América.
Finalmente, el 18 de octubre de 1728, y debido a su invalidez, fue jubilado a petición propia, con una asignación de 100 escudos mensuales.
Falleció en Almería el 12 de enero de 1743.
Jerónimo Tortosa pertenece a la primera generación de ingenieros militares borbónicos, protagonistas de la modernización de las fortificaciones españolas en el siglo XVIII. Su participación en plazas norteafricanas, su experiencia en guerra de minas y su labor en obras estratégicas como la ciudadela de Barcelona lo sitúan entre los ingenieros más activos de su tiempo.