Joaquín María Sotelo nació en Almería en 1766. Se licenció en Derecho civil y canónico en la Universidad de Granada, donde inició una brillante trayectoria académica como catedrático de Leyes en el Imperial Colegio de San Miguel, cargo que desempeñó durante seis años.
En 1791 se trasladó a Sevilla, integrándose en los principales círculos intelectuales de la ciudad. Fue miembro de la Academia de Letras Humanas, junto a figuras como Reinoso, Matute o Blanco White, y desde 1793 perteneció a la Sociedad Económica de Sevilla.
Su carrera institucional comenzó en 1801, cuando fue nombrado alcalde del crimen en la Audiencia de Cáceres. Un año después pasó a ser oidor de la Audiencia de Sevilla, y antes del estallido de la Guerra de la Independencia ejerció como fiscal del Tribunal Supremo de Guerra.
En 1808 se afrancesó, integrándose en la administración de José I. En abril de 1809, O’Farril y Tomás de Morla lo eligieron para entablar negociaciones secretas —y fallidas— con la Junta Central.
Durante la guerra ocupó diversos cargos:
Tras la retirada francesa acompañó al gobierno josefino a Valencia y luego a Zaragoza, donde fue apresado por las fuerzas de Espoz y Mina.
En septiembre de 1815 comenzó su proceso de purificación, que se prolongó hasta julio de 1818. Tras años de prisión y enfermedad, fue finalmente rehabilitado.
Ese mismo año aparece ya como abogado consultor del Tribunal de Comercio de Bilbao, desde donde ayudó a su amigo Alberto Lista a obtener la cátedra de Matemáticas del Consulado de Comercio.
Durante el Trienio Liberal se trasladó nuevamente a Sevilla, donde fue asesor del Consulado de Comercio y miembro de su Audiencia, cargos que desempeñó hasta su muerte en 1831.
Es autor del Elogio del Sr. D. Juan Pablo Forner, muestra de su formación humanística y de su vinculación con los círculos ilustrados sevillanos.
Joaquín María Sotelo fue una figura destacada del mundo jurídico y político de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Su trayectoria —marcada por el afrancesamiento, la represión posterior y su posterior rehabilitación— refleja las tensiones de una época convulsa. Su actividad docente, judicial y administrativa lo sitúa entre los juristas almerienses más relevantes de su tiempo.