Juan de Portocarrero, cuyo nombre completo era Juan del Castillo y Portocarrero, nació en Salamanca a mediados del siglo XVI. Procedía de una familia noble: los señores de la casa de las Torres del Castillo, condes de Palma, descendientes de la casa de los Villena por Luis de Portocarrero, hijo menor de Juan Pacheco.
Ingresó en el Convento de San Francisco de Salamanca, de la Orden de Menores Observantes (OFM), donde inició una sólida formación religiosa y humanística.
Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, en el Colegio de San Pedro y San Pablo, uno de los centros fundados por el cardenal Cisneros.
Dentro de la Orden franciscana ocupó cargos de relevancia:
Fue también confesor de figuras de la más alta nobleza y realeza:
Propuesto por Felipe II y promovido por el papa Clemente VIII, fue nombrado obispo de Almería el 29 de julio de 1602, tomando posesión por poderes el 7 de enero de 1603.
Su episcopado fue uno de los más importantes de la diócesis en la Edad Moderna. Entre sus obras destacan:
Cumpliendo las disposiciones del Concilio de Trento, fundó en 1609 el Colegio‑Seminario de San Indalecio, mediante Cédula Real de Felipe III, para la formación del clero diocesano.
Celebró sínodo diocesano y, tras estudio histórico y litúrgico, proclamó a san Indalecio como patrón de la diócesis de Almería.
A causa de una enfermedad de perlesía, el papa Urbano VIII le nombró un obispo auxiliar el 18 de marzo de 1630, el dominico fray Antonio de Viedma y Chávez.
Fue preconizado obispo de Cádiz, pero murió antes de tomar posesión, el 8 de marzo de 1631, siendo sepultado en la Catedral de Almería.
Su trayectoria refleja:
Juan de Portocarrero fue uno de los obispos más influyentes de la historia de Almería. Su labor constructiva, su impulso a la formación del clero y su firme aplicación de las reformas tridentinas marcaron profundamente la vida religiosa y cultural de la diócesis.