Muḥammad XII, conocido como al‑Zagal (“el Bravo”, “el Valiente”), nació en Granada hacia 1440, hijo del emir Sacd. El texto señala que *«era el segundogénito del emir Sacd […] fue llamado por sus compatriotas al‑Zagal»*. Su figura ha sido tradicionalmente confundida con la numeración de los últimos sultanes nazaríes, corregida gracias a Ibn ʿĀṣim.
Desde muy joven ejerció cargos de responsabilidad: en 1455 ya gobernaba Almería, donde su autoridad era sólida. En 1464 huyó a Castilla por temor a su hermano Abū l‑Ḥasan ʿAlī, pero pronto regresó y se reconcilió con él. A partir de entonces permaneció siempre a su lado, compartiendo su destino político y militar.
Su fama se consolidó con la victoria de la Axarquía (21 de marzo de 1483), donde derrotó a un importante ejército castellano. El documento afirma: *«dirigió la resonante victoria de la Ajarquía malagueña […] aplastaron a un numeroso ejército castellano»*.
Tras el fracaso de Boabdil en Lucena, al‑Zagal acompañó a su hermano en su segundo emirato, asumiendo la defensa militar debido a la enfermedad de Abū l‑Ḥasan.
En 1485 recuperó Almería por sorpresa, ejecutando a los cabecillas rebeldes, entre ellos a su sobrino Yūsuf, por orden del emir.
Su prestigio militar y el apoyo popular llevaron a su proclamación como sultán el 17 de junio de 1485. Adoptó el laqab al‑Gālib bi‑Allāh, como sus predecesores. Intentó mantener la administración, emitió decretos y acuñó moneda en la Alhambra, Guadix y Málaga.
Obtuvo una importante victoria en Moclín (3 de septiembre de 1485), donde capturó artillería castellana. Sin embargo, la presión militar cristiana y la guerra civil con su sobrino Boabdil debilitaron su posición.
Boabdil, apoyado por los Reyes Católicos, se instaló en la región oriental y provocó una guerra interna que llegó al propio Albaicín. El texto describe: *«la lucha se prolongó durante más de dos meses […] con cañones y almajaneques»*.
Aunque se alcanzó un acuerdo temporal, la intervención castellana reavivó el conflicto. En 1487, Boabdil tomó Granada y al‑Zagal se retiró a Guadix, desde donde mantuvo la resistencia.
Entre 1488 y 1489, al‑Zagal dirigió una defensa heroica desde Guadix, Baza, Almería y las Alpujarras. A pesar de la inferioridad militar, logró reconquistar plazas como Nerja, Torrox, Padul y Alhendín.
La caída de Baza (4 de diciembre de 1489) marcó el final de su poder. El documento señala: *«Muḥammad XII al‑Zagal, consciente de que ya había perdido la guerra […] salió de Guadix y se dirigió al encuentro del Monarca para negociar su rendición»*.
El 10 de diciembre de 1489 firmó capitulaciones con los Reyes Católicos, entregando sus territorios a cambio de un señorío en las tahas de Lecrín, Lanjarón, Órgiva y Andarax.
En 1490 pidió permiso para emigrar y cruzó a Orán, instalándose después en Tremecén, donde murió el 7 de mayo de 1494. Su epitafio lo describe como *«extranjero, en el exilio, después de haber luchado fuerte y valerosamente contra los enemigos infieles»*.
Dejó descendientes conocidos como los Banū Sulṭān al‑Andalus, documentados en Tremecén hasta el siglo XVII.
Aunque eclipsado por Boabdil, al‑Zagal fue uno de los últimos grandes defensores de al‑Andalus. El texto resume su figura: *«su reconocimiento y prestigio […] se basaron en su energía y valentía en la defensa de su pueblo»*.
Coherente y firme en sus principios, prefirió el exilio antes que someterse a un poder que consideraba ilegítimo.